Ley del buen samaritano
Primeros Auxilios y RCP Suiza
El Buen Samaritano: compasión y protección
Tomada de la Biblia (Lucas 10:25-37), la parábola del Buen Samaritano narra cómo un viajero dado por muerto es socorrido por un desconocido que lo cura y vela por él. Más allá de su contexto religioso, transmite un mensaje universal: la obligación moral de socorrer al prójimo en peligro, con compasión y altruismo.
Inspiradas en este principio, numerosas leyes del Buen Samaritano se han promulgado en todo el mundo para proteger frente a demandas a quienes prestan asistencia de buena fe en una emergencia. Sin embargo, el alcance exacto de esa protección varía de una jurisdicción a otra: a continuación encontrará lo que dispone la ley aplicable a su región.
Su proteccion bajo la ley
En Suiza, el artículo 128 del Código Penal —«omisión de prestar socorro»— castiga a quien no auxilia a una persona que él mismo ha lesionado o que se halla en peligro de muerte inminente, o a quien impide que un tercero preste dicho socorro. El reanimador que interviene se sitúa, por tanto, en plena consonancia con la ley, que espera de cada persona que actúe en la medida de sus posibilidades. El Derecho penal no contempla una inmunidad civil específica para el socorrista lego, pero este deber general de socorro reconoce y legitima plenamente el gesto de quien ayuda de buena fe.
Obligacion de rescate
En Suiza, prestar socorro es un deber que obliga a todos: el artículo 128 exige que ayudes, en la medida de lo razonable y de tus posibilidades, a toda persona en peligro de muerte inminente. Eludirlo —o impedir que otro actúe— conlleva pena privativa de libertad de hasta tres años o pena pecuniaria. La ley no mide tu valor por la hazaña, sino por lo que las circunstancias podían razonablemente esperar de ti; y para ello aún hace falta saber qué hacer. La formación es justamente lo que convierte la buena voluntad en buena acción.
Por que la capacitacion es importante
En Suiza, la ley te pide que actúes según tus posibilidades, y las posibilidades se aprenden. En una parada cardíaca, cada minuto sin reanimación reduce las opciones de supervivencia en torno a un 10 %, y aun en un país conocido por la rapidez de sus servicios de emergencia, esos primeros minutos pertenecen solo al testigo presente. Formarse amplía de forma concreta lo que la ley puede razonablemente esperar de ti: reconocer la emergencia, comprimir, desfibrilar y resistir hasta que lleguen los profesionales. Conviértete en alguien con quien se pueda contar: la persona cuyas manos sabrán qué hacer el día en que haga falta.